viernes, 17 de diciembre de 2010

Es tiempo de dejarse llevar

-¿Qué ocurre Char? ¿Por qué tanta prisa?
-¡He tenido una gran idea! Al menos eso creo yo. He pensado en realizar una fiesta de noche buena “a lo grande”, invitando a mucha gente, incluido tu querido nuevo amigo John. Pero para ello necesito tu ayuda, sino no podrá estar todo listo para mañana. Sé que hoy era un día importante para ti, pero Andrew y Soffie no están y no consigo contactar con ellas. Además, mañana podrás estar con John tanto como quieras. ¿Qué te parece?
-Bueno… me has convencido. Pero dame quince minutos.
Le comenté a John la idea de la fiesta y aceptó asistir encantado. Poco después, continuó con la historia. Describía aquel lugar como un sitio acogedor y maravilloso.  Me contó que había sufrido una crisis psicológica durante muchos años, provocada por una sucesión de grandes problemas, y le había sido muy difícil salir de ella, incluso creía que aún permanecía algo en su interior. Era un chico sensible con un pasado triste. Me sentía mal, quizás antes yo había reído demasiado y eso podía haberlo acomplejado, pero mejor sería no pensar en ello y mostrarle mi apoyo.
-Ese día –continuó contando tras una breve pausa para coger aire intensamente. –mientras tomaba un poco de café, se acercó una persona mayor cuidadosamente a mi sitio y me ofreció sentarme junto a ella y su compañía. Me veía triste, y así me encontraba. Le agradecí el detalle pero prefería estar solo. La mujer afectada por no aceptar su invitación me dijo “No sé qué le pasa a la gente de hoy en día que se ha olvidado de divertirse. Preferís vivir una noche de locura intensa a vivir  el día a día con felicidad. No apreciáis el brillo de la vida. ¿No te parece que a tu edad deberías estar por ahí, rodeado de gente y divirtiéndote, o aceptando invitaciones para calmar tu soledad? No es época de lamentos, es tiempo de dejarse llevar” y seguidamente se marchó.
El silencio nos atrapó unos minutos. Estaba nerviosa, no sabía que decir. Mis palabras se habían atascado en mi garganta y no pretendían moverse de ahí.
-Esa no es la razón. –John acabó con el silencio.-Ese día me di cuenta de que había llegado demasiado lejos, no podía continuar viviendo así, porque no era vida. Había perdido a mis amigos, mis ilusiones y esperanzas. No me quedaba nada. Pero una vela se encendió en mí. Con esfuerzo, y no sé si con ayuda de las palabras de la mujer, hoy me siento bien. Aunque ha tardado en volver a aparecer en mí este sentimiento,  por fin soy dueño de mis impulsos.
Una lágrima rozó mi piel mientras compartíamos una lluvia de miradas.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Las decisiones son amargas, a veces.

Charles me despertó temprano. Era sábado y como de costumbre iríamos a correr. Tras una ducha rápida fuimos a terminar de comprar los últimos detalles que faltaban para la fiesta de noche buena del domingo. Íbamos a hacer nuestra primera fiesta en el nuevo, aunque ya con dos meses, piso.
Y no podía olvidar que hoy era el gran día. En estos días no había parado de hablar de John a Charles, Andrew y Soffie. Me sentí inmensamente feliz. Tenía ganas de enamorarme, más que nunca. Sólo me había enamorado una vez, pero para mí es más que suficiente.
Esperaba con ansia el momento en el que volvería a ver a John. Me cambié de vestimenta unas tres veces y me miré al espejo más que nunca. Diariamente no le doy mucha importancia a mi aspecto, intento ser casual. Pero hoy era un día importante para mí.
Llegaron las ocho y esperé junto al café. No tardó en aparecer al principio de la calle. No podía creerlo, nunca antes me había ocurrido esto. Estaba temblando, aunque intenté disimular los nervios. Aunque a él por lo visto no se le dio tan bien. Nada más llegar, nos saludamos tímidamente con dos besos y me invitó a entrar. Pedimos algo de beber y comenzamos a charlar.

-¿Cómo conseguiste mi dirección?- Rompí el hielo.
-¡Ah!... Em.… la encontré. Busqué mucho, pero me acordé de tu nombre y la zona en la que vivías y… te encontré.

Sus nervios podían caparse desde lejos. No respondía de manera ligera y coherente como el pasado once de diciembre, y su mirada nunca se centraba en algo en concreto.
Tras más de media hora comentando temas sin importancia alternados con risas, consideré oportuno preguntarle su historia, la historia de la canción.

-Pues…Todo sucedió el once de diciembre del pasado año. Entré en un local acogedor dónde se respiraba alegría típica de esta época del año. Mientras, sonaba una y otra vez la canción, pero yo no me cansaba de oírla. Y fue en una de las veces en la que la canción sonaba cuando…

¡Riiiiiing! Sonó mi teléfono. Era Charles, necesitaba mi ayuda urgentemente. Pero no podía irme así sin más. Mucho menos al principio de la historia. Estaba confusa, no sabía qué hacer. Mi corazón me pedía quedarme y continuar con John, pero mi razón me decía que debía irme…

A unos días de él.

“Queridísima Eva:
Soy muy feliz, o quizás más. No lo sé, lo cierto es que no puedo expresarlo en cantidades. Recibir tu respuesta ha hecho que mi corazón esté latiendo a velocidades no permitidas.
Me gustaría que supieras que no he dejado de pensar en ti. El brillo de tus ojos me llama la atención. Tu pelo liso y castaño me produce serenidad. Adoro el movimiento de tus manos al hablar, y cómo tus piernas temblaban al conversar con un extraño, conmigo. Sin embargo tu cara te mostraba relajada y llevabas una amplia sonrisa que espero que conserves siempre.
Quizás estoy siendo muy directo. No sé cómo he logrado escribir todo esto. Aunque no lo creas, soy muy tímido. Pero en este caso, necesitaba contar a alguien mis pensamientos. Siento si no te ha gustado lo que he escrito, ya me estoy arrepintiendo.
Yo no soy así, no sé por qué razón estoy comportándome de este modo. No suelo hablar con extraños y mucho menos escribirle cartas. Soy muy reservado y nunca suelo contar mis cosas personales, ni si quiera a mi mejor amigo. Pero él me entiende.
Me gustaría que pudieras conocerme, saber realmente como soy. Y yo a ti. Por eso te propongo quedara las 20:00 en Arway Street este sábado, junto al café.
Te espero,
John.”

¿Una cita? ¿Con John? Era genial. Así podría preguntarle sobre su historia y saber más de él. Allí estaría, sin dudarlo, junto al café.
Sólo quedaban unos días para que fuera navidad y quería comprarle un regalo a John por aquellas cartas que me sacaban una inmensa sonrisa cada vez que las leía. Estaba segura de que esta vez, nada iba a salir mal.