Mostrando entradas con la etiqueta JOHN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JOHN. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Las decisiones son amargas, a veces.

Charles me despertó temprano. Era sábado y como de costumbre iríamos a correr. Tras una ducha rápida fuimos a terminar de comprar los últimos detalles que faltaban para la fiesta de noche buena del domingo. Íbamos a hacer nuestra primera fiesta en el nuevo, aunque ya con dos meses, piso.
Y no podía olvidar que hoy era el gran día. En estos días no había parado de hablar de John a Charles, Andrew y Soffie. Me sentí inmensamente feliz. Tenía ganas de enamorarme, más que nunca. Sólo me había enamorado una vez, pero para mí es más que suficiente.
Esperaba con ansia el momento en el que volvería a ver a John. Me cambié de vestimenta unas tres veces y me miré al espejo más que nunca. Diariamente no le doy mucha importancia a mi aspecto, intento ser casual. Pero hoy era un día importante para mí.
Llegaron las ocho y esperé junto al café. No tardó en aparecer al principio de la calle. No podía creerlo, nunca antes me había ocurrido esto. Estaba temblando, aunque intenté disimular los nervios. Aunque a él por lo visto no se le dio tan bien. Nada más llegar, nos saludamos tímidamente con dos besos y me invitó a entrar. Pedimos algo de beber y comenzamos a charlar.

-¿Cómo conseguiste mi dirección?- Rompí el hielo.
-¡Ah!... Em.… la encontré. Busqué mucho, pero me acordé de tu nombre y la zona en la que vivías y… te encontré.

Sus nervios podían caparse desde lejos. No respondía de manera ligera y coherente como el pasado once de diciembre, y su mirada nunca se centraba en algo en concreto.
Tras más de media hora comentando temas sin importancia alternados con risas, consideré oportuno preguntarle su historia, la historia de la canción.

-Pues…Todo sucedió el once de diciembre del pasado año. Entré en un local acogedor dónde se respiraba alegría típica de esta época del año. Mientras, sonaba una y otra vez la canción, pero yo no me cansaba de oírla. Y fue en una de las veces en la que la canción sonaba cuando…

¡Riiiiiing! Sonó mi teléfono. Era Charles, necesitaba mi ayuda urgentemente. Pero no podía irme así sin más. Mucho menos al principio de la historia. Estaba confusa, no sabía qué hacer. Mi corazón me pedía quedarme y continuar con John, pero mi razón me decía que debía irme…

A unos días de él.

“Queridísima Eva:
Soy muy feliz, o quizás más. No lo sé, lo cierto es que no puedo expresarlo en cantidades. Recibir tu respuesta ha hecho que mi corazón esté latiendo a velocidades no permitidas.
Me gustaría que supieras que no he dejado de pensar en ti. El brillo de tus ojos me llama la atención. Tu pelo liso y castaño me produce serenidad. Adoro el movimiento de tus manos al hablar, y cómo tus piernas temblaban al conversar con un extraño, conmigo. Sin embargo tu cara te mostraba relajada y llevabas una amplia sonrisa que espero que conserves siempre.
Quizás estoy siendo muy directo. No sé cómo he logrado escribir todo esto. Aunque no lo creas, soy muy tímido. Pero en este caso, necesitaba contar a alguien mis pensamientos. Siento si no te ha gustado lo que he escrito, ya me estoy arrepintiendo.
Yo no soy así, no sé por qué razón estoy comportándome de este modo. No suelo hablar con extraños y mucho menos escribirle cartas. Soy muy reservado y nunca suelo contar mis cosas personales, ni si quiera a mi mejor amigo. Pero él me entiende.
Me gustaría que pudieras conocerme, saber realmente como soy. Y yo a ti. Por eso te propongo quedara las 20:00 en Arway Street este sábado, junto al café.
Te espero,
John.”

¿Una cita? ¿Con John? Era genial. Así podría preguntarle sobre su historia y saber más de él. Allí estaría, sin dudarlo, junto al café.
Sólo quedaban unos días para que fuera navidad y quería comprarle un regalo a John por aquellas cartas que me sacaban una inmensa sonrisa cada vez que las leía. Estaba segura de que esta vez, nada iba a salir mal.

viernes, 12 de noviembre de 2010

La ilusión del día a día.

Era un martes nublado a primera hora de la mañana. Tenía prisa por llegar a la estación pues debía irme fuera de la ciudad durante todo el día, por motivos de trabajo. Al salir de casa, tropecé con algo. Miré hacia el suelo, era una carta para mí. El sobre parecía antiguo. En él había un sello de color rojizo y mi nombre junto con mi dirección, escritos a mano. La guardé en mi bolso y continué mi trayecto hacia la estación.
Cuando ya me había acomodado junto a la ventana del tren, me dispuse a leer la carta:

"Querida Eva:
Lo primero decirte que no sé con certeza si esta carta va dirigida a ti. He buscado tu nombre por todas partes hasta encontrar esta dirección. Al igual que a ti, la carta se la he enviado a unas siete Evas más. 
El motivo de la carta es encontrar a una chica joven que conocí un sábado lluvioso en una pequeña plaza de Nueva York tarareando "you're the sunshine of my life". La persona que busco tenía unos preciosos ojos que lograron captar mi atención y, sobre todo, me sorprendió su seguridad en sí misma.
Puedes llamarme loco si lo crees, pero si eres tú esa chica, por favor respondeme. Me gustaría conocerte, si no te importa.

Mil saludos,

un idiota llamado John. "

Me dejó sin palabras a la vez que despertó aún más mi curiosidad por John y su historia.
Realmente merecía la pena contestar esa bonita carta.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Las casualidades existen.


En ese preciso instante tuve la necesidad de mirar al cielo, ver su rostro plagado de estrellas y sentir lo pequeña que soy. Identificarme con un trocito del mundo, pequeño, pero indispensable como cualquier ser o elemento más de este inmenso universo. Intenté tararear en mi cabeza una de mis canciones preferidas, you're the sunshine of my life, a la vez que desplazaba mi cabeza hacia arriba. Al fin, dirigí mi mirada hacia el cielo y pude ver gran cantidad de pequeñas luces, pero ninguna de ellas pertenecía a las estrellas. ¿Qué le había ocurrido a Nueva York? ¿De verdad la gente prefería llenar de luces las calles nocturnas de esta gran ciudad antes que poder apreciar el brillo humilde y sincero de las hijas del universo, sobre la intensa oscuridad?
Añoraba y añoro la hermosa sensación que buscaba entre los altos rascacielos de Nueva York. Insatisfecha tras no poder satisfacer mis impulsos, me dirigí hacia delante dando pequeños pasos y observando cada pisada que daba. Seguí caminando sin rumbo, esperando a que algo despertara mi corazón aquella fría noche de Diciembre. Tras una eternidad caminando e involucrándome entre la multitud enfurecida del centro, pude llegar a un pequeño lugar alejado del vulgar ruido de las calles principales, donde algo alegró a mi oído. ¡Qué casualidad! Alguien estaba tarareando you're the sunshine of my life. Una sonrisa se adueñó de mi rostro e intenté localizar al autor de esa hermosa canción. 
¡Allí estaba! Sí, sentado en un banco de la pequeña plaza junto a una fuente. Se trataba de un chico de unos 25 años, más o menos de mi edad, que vestía unos pantalones beige y un abrigo y un gorro azul oscuro. Como una niña, me dispuse a ir y preguntarle el motivo por el cual había elegido aquella canción.
-Buenas noches. He oído cómo entonaba “you're the sunshine of my life” y quiero que sepa que es una gran canción y que gracias a usted vuelvo a casa con una sonrisa en la cara.
-No sabe cuánto me alegro de ello. Por cierto, me llamo John.
-Eva -dije tímidamente sin dejar de sonreír.- ¿Por qué esa canción?
-Me trae buenos recuerdos de una historia que no puedo olvidar, y menos este 11 de Diciembre. Siéntese, por favor.
Así lo hice. Sentía curiosidad por saber su historia, pero no me atreví a preguntarle sobre ella. Entonces entramamos una pequeña  conversación sobre gustos y aficiones hasta las que el frío nos rodeó y tuvimos que volver a nuestros respectivos hogares. Sin duda, el día no había estado nada mal.